FUENTE: EL ESPECTADOR / POLÍTICA 

El gerente para la atención integral contra el coronavirus llama la atención a las empresas que obligan a las personas a trabajar, sin que se trate de actividades vitales en medio de la actual crisis.

Ante la gravedad de la crisis que ha generado en nuevo coronavirus en Colombia y el mundo, el presidente Iván Duque Márquez necesitaba a alguien que se dedicara tiempo completo a articular en una sola estrategia conjunta todas las acciones que, desde el Gobierno Nacional, se ejecutan para intentar detener el contagio en el país que, hasta el martes, sumaban 378 confirmados. Esa persona es el exministro Luis Guillermo Plata, quien desde el sábado es el gerente para la atención integral contra el coronavirus y es el punto de encuentro entre el primer mandatario y los diferentes ministerios que atienden la emergencia sanitaria.

El nuevo funcionario advierte que la ciudadanía no se está tomando en serio la pandemia, y una muestra de eso sigue siendo que la gente, a pesar de las medidas que han tomado diferentes autoridades en el territorio nacional, sigue en las calles y aglomerándose en el transporte público y en las filas de los supermercados. Envió ese mensaje, pero también hizo un fuerte llamado de atención a las empresas que, a pesar del brote, sigue obligando a sus empleados a asistir a sus puestos de trabajo. “No puede ser que haya empresas que están exigiendo que sus empleados vayan, y no son de actividades vitales”, dijo en entrevista con El Espectador.

Señala que, en su momento, se deberá analizar si se mantiene la cuarentena, pero que es necesario un punto de equilibrio entre las restricciones de circulación y las excepciones para que se garanticen los insumos básicos y la afectación de la economía no sea tan fuerte.

Se inicia la cuarentena, ¿qué expectativas hay?

Tendremos que ver cómo se comporta todo. Es difícil ver un resultado inmediato porque siempre hay un rezago entre la acción y el resultado por el período de incubación del virus. No es que uno haga el aislamiento e inmediatamente vea que empieza a bajar la tasa de infección, eso se ve una o dos semanas después.

¿Qué fue lo primero que le dijo el presidente Duque cuando lo llamó para que fuera el gerente de la crisis del nuevo coronavirus?

Me dijo: “Ayúdeme a salvar vidas”. Ese es el objetivo principal que tenemos. Obviamente de la manera más responsable posible, tratando de preservar la economía, tratando de que no sea más costosa la medicina que la enfermedad, pero la prioridad es salvar vidas.

¿Cuáles han sido las primeras acciones?

Estamos haciendo muchas cosas, nada es mío solamente. Ya había un grupo de gente trabajando y yo ayudo a que las cosas sucedan de manera ordenada. Sacamos el decreto para el cierre, que fue muy complicado; estamos sacando otros para la importación de los kits de prueba para coronavirus; estamos haciendo un paquete de medidas para asegurar que la gente no se aisle con hambre, porque esa también es parte de la crisis, no solamente el problema médico y de salud, sino garantizar que los colombianos más pobres la puedan sobrellevar con el sustento alimenticio. Esa es una prioridad.

Veíamos al Gobierno muy reacio al cierre total del país, a la cuarentena, pero de pronto cambió de opinión. ¿La crisis es peor de lo que parece?

La crisis es muy seria, esto es una pandemia mundial, no es un problema solo de Colombia. Las cifras lo muestran. Hace una semana estábamos tranquilos, había una gente más precavida que otra, pero estábamos tranquilos. ¿Usted qué estaba haciendo hace una semana? Estaba mirando las cosas, pero estoy seguro que tenía calma. Cuando uno ve el cambio en una semana, es algo muy complejo, y nadie podía prever este desarrollo tan veloz. Le cuento una anécdota: hace más de una semana yo hice un viaje internacional sin problemas, con los cuidados, por supuesto. Pero hoy en día no solo no se puede hacer, pero si se pudiera, no lo haría. Cuando el presidente me invitó a esto, yo fui a Palacio a decirle que contara conmigo. Llegué a mi casa y me entró un pánico. Me dije: “Le acabo de aceptar al presidente este cargo y no me he hecho la prueba de coronavirus y estuve por fuera del país hace cinco días. ¿Qué tal que el presidente haga el anuncio y yo esté contagiado?”. Lo llamé y le dije que esperara para hacerme una prueba, porque no podía aceptar el cargo si tenía el virus.

El decreto de cuarentena nacional tiene 34 excepciones, es mucho más laxo que el decreto de simulacro de Bogotá, ¿eso podría modificarse si la situación se agrava?

Se le pueden agregar o quitar cosas. Hay que buscar un equilibrio muy fino entre cuánto se restringe y cuánto se abre. Por ejemplo, cuando se mira alimentos, uno piensa en la papa, el arroz, el pollo. Pero toca ver la cadena completa, la cadena del pollo, que la granja en donde se produce pueda comprar alimento, que se pueda procesar, empacar y transportar. Uno no piensa en empaques, pero casi ningún producto vital viene sin empaque, como la leche. Esa posibilidad se deja abierta, junto a la cadena de logística, combustibles y repuestos. Por eso el decreto tiene esa flexibilidad.

¿Tiene un cálculo de cuánta plata se necesita para afrontar la crisis y de dónde se sacarán los recursos?

Estamos en eso. El Ministerio de Hacienda está haciendo las predicciones, habría que hablar con ellos para tener claridad. Pero acá hay una amenaza muy grande.

¿Cómo piensan articular el trabajo del Gobierno nacional y los mandatarios locales, teniendo presente que hay choques entre las directrices del presidente y las propuestas propias de los alcaldes?

No es fácil. Estamos en un Estado democrático, descentralizado. Eso tiene grandes ventajas, pero ahora representa retos. Hay funcionarios muy competentes como Karen Abudinen, que es consejera para las regiones. Es decir, hay mecanismos para resolver y con ello digo que hay que mirar todas las áreas del Gobierno y alinear con los otros mandatarios.

¿Cómo se coordina la acción del Estado en lugares como Amazonas, Guaviare, Vichada? ¿Hay muchos riesgos en esos sitios?

Estamos donde está el virus, es decir, en las ciudades principales. A las regiones nos toca llegar, ver cómo se utiliza la capacidad local en cada una de ellas para atender de manera efectiva y oportuna.

Ayer se vio mucha gente en la calle en ciudades como Bogotá, Cartagena, Riohacha, ¿cree que los ciudadanos todavía no son conscientes de lo que está pasando?

No nos estamos tomando en serio la pandemia. Nos falta disciplina como sociedad. Parte del éxito de Japón y Corea, más allá del tema médico y las pruebas generalizadas a la población, es que son sociedades disciplinadas. Entonces, cuando les dicen que algo no se puede hacer, pues la gente no lo hace. Si no hay cultura ciudadana y autocontrol social, no importa las medidas que imponga el Gobierno, las cosas no van a funcionar. Necesitamos que la gente ponga de su parte, entienda a lo que se expone.

¿El Gobierno considera sanciones más drásticas a quienes violen la cuarentena?

Es complicado hacer eso. En Europa hay unas sanciones costosísimas. Si lo descubren hablándole a una persona a menos de dos metros, puede venir una multa tremenda. Es difícil acá porque, si todos están con problemas económicos, no hay con qué pagar el arriendo y muchos están siendo cesados de sus trabajos. Es imposible meterle multas a las personas. La gente dirá: “¿Fuera de que estoy sin plata porque no he trabajado en tantos días, ahora me clavan una multa?”. Uno pensaría que lo lógico es que hubiera multas, pero hay que pensar en la gente.

Muchas empresas están exigiendo a la gente que vayan a trabajar…

Eso sí no se puede, toca mirar con el Ministerio del Trabajo. No puede ser que haya empresas que están exigiendo que sus empleados vayan, y no son de actividades vitales. Si usted tiene que operar o trabajar en una cadena de supermercados, pues es comprensible. Necesitamos que ellos sigan trabajando. Pero si yo trabajo en algo como venta de ropas, eso no es vital en este momento.

¿Se contempla la extensión de la cuarentena?

Tenemos que evaluar cómo van las cosas. Las cuarentenas tienen efectos muy fuertes en la psicología de las personas, en la economía y en otras áreas que habrá que evaluar en su momento. Hay que tomar decisiones y saber si hay que volverse más riguroso o aflojar un poquito. Ya veremos.

¿Es posible que se haga una descentralización de las pruebas de coronavirus?

Estamos sacando un decreto para permitir el ingreso de pruebas comerciales, son pruebas menos sofisticadas, pero más rápidas y más baratas que se pueden masificar. Esto implica que no solo hay que traer las pruebas, sino montar la logística para hacerlas. Además, hay que tener una logística de trazabilidad. Si yo resultara infectado, hay que ver con quién estuve y mis recorridos. Si hacemos las pruebas y no hay trazabilidad, no hay mucho valor en la información.

¿Cuál es el peor escenario que podría tener Colombia frente a esta pandemia?

Yo no quisiera especular con eso. No soy epidemiólogo. Habría que hablar con los expertos del tema.

¿Qué tan viable es que se suspenda el cobro de servicios públicos durante la emergencia?

Son cosas que hay que evaluar. Si los empleos se revientan, pues no hay cómo pagar los servicios públicos. Todo eso tiene implicaciones que hay que mirar. Eso suena muy bonito y muy loable, pero también hay que ver, porque eso podría implicar la suspensión de los servicios. Son cosas que hay que mirar porque la crisis humanitaria podría ser más grave que la de la salud.